Significado de los templos para los Santos de los Últimos Días

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Algunos de los símbolos más notables de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son sus hermosos templos. ¿Qué son estos edificios? ¿Qué sucede en su interior? ¿Por qué tus amigos y vecinos mormones van allí? He aquí algunas respuestas.

Antecedentes

Actualmente hay 134 templos en funcionamiento en todo el mundo y 26 templos anunciados o en construcción. Los templos se diferencian de los centros de reuniones donde los Santos de los Últimos Días realizan servicios de adoración los domingos y actividades durante la semana. Antes de la dedicación de un templo, se invita al público a visitar el edificio, pero después de que es dedicado, sólo se permite la entrada a los miembros dignos de la Iglesia.

Antes de entrar a un tempo, los Santos de los Últimos días deben cumplir algunos requisitos para recibir un documento llamado recomendación para el templo. Esta recomendación se obtiene por medio de una entrevista privada y confidencial entre el miembro de la Iglesia y su líder de la congregación. Este obispo o presidente de rama hace preguntas al miembro sobre su conducta personal, a las que se espera que el miembro conteste honestamente.

Los requisitos para la recomendación para el templo comprenden el vivir los principios básicos del evangelio, tales como creer en Dios el Padre y Jesucristo y la Restauración de la iglesia original de Cristo por José Smith. También se les pregunta a los miembros si siguen a los líderes actuales de la Iglesia y si asisten a sus reuniones de la Iglesia. Otros requisitos comprenden seguir las prácticas de salud de la Iglesia, pagar los diezmos y vivir una vida casta y virtuosa. Para obtener una recomendación para el templo, los miembros no deben estar involucrados en ningún tipo de abuso espiritual, físico, mental o emocional de otros.

Después de la entrevista inicial con el obispo o presidente de rama, se realiza una reunión adicional con un miembro de la presidencia de estaca. Cada persona firma la recomendación, incluso el miembro, lo que significa que ha contestado las preguntas honestamente y es digno de asistir al templo.

Esta recomendación se revisa cada vez que un miembro de la Iglesia entra al templo y se debe renovar cada dos años.

Cuando los Santos de los Últimos Días entran a un templo, ellos cambian su ropa de calle y se ponen ropa blanca, que simboliza la pureza. Luego, ellos participan en ceremonias sencillas que se centran en el plan del Padre Celestial para Sus hijos. Los detalles de estos rituales religiosos, llamados ordenanzas, son sagrados y por lo tanto, no se habla al respecto fuera del templo, pero hay algunos principios generales que se pueden  compartir.

Las ordenanzas del templo son simbólicas

El presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo:

"El templo es una excelente escuela; es una casa de aprendizaje. En él se conserva un ambiente propicio para la instrucción sobre asuntos esencialmente espirituales...

"... El plan de enseñanza es excelente; es inspirado. El Señor mismo, el Maestro de maestros, instruyó a Sus discípulos enseñándoles constantemente con parábolas, una forma verbal de representar simbólicamente las cosas que de otro modo podrían ser difíciles de comprender.

“El templo mismo llega a ser un símbolo. Si ha visto de noche uno de los templos, totalmente iluminado, conoce la impresión que esa vista produce. La casa del Señor, bañada de luz, destacándose en medio de la oscuridad nocturna, viene a ser un símbolo del poder y de la inspiración del Evangelio de Jesucristo, que se eleva como un faro en un mundo que se hunde cada vez más en la oscuridad espiritual” (“El Santo Templo”, Liahona, octubre de 2010, págs. 31,32).

Templos resuelven las dudas sobre el sentido de la vida

En los momentos de introspección tranquila, muchos, a lo largo de la historia, han reflexionado sobre preguntas tales como: “¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? ¿Hay un Dios? ¿Qué sucede después de morir?”

Los Santos de los Últimos Días creen que estas preguntas y muchas más se responden en los templos. Las ordenanzas que los miembros de la Iglesia realizan en los templos brindan el conocimiento de que hay un propósito divino en esta vida terrenal.

Los rituales del templo tratan del hecho de que cada uno de nosotros existimos como hijos de Dios antes de nacer en este mundo y que vamos a seguir viviendo después de la muerte. La tierra es parte de un viaje eterno. Dios tiene un plan para nosotros. Este plan se conoce como el plan de salvación o el plan de felicidad.

Los templos ofrecen una perspectiva eterna

Cada templo es considerado como una “casa del Señor”, el lugar más sagrado sobre la tierra. Para los miembros de la Iglesia, el visitar un templo es una oportunidad para aislarse del mundo y reflexionar sobre las cosas de mayor importancia. El presidente Boyd K. Packer dice que esta perspectiva eterna es muy valiosa:

“Cuando los miembros de la Iglesia se sienten angustiados o cuando decisiones críticas agravan pesadamente sus pensamientos, no es raro que vayan al templo. Es un buen lugar al cual podemos llevar nuestras inquietudes. Allí podemos recibir inspiración espiritual y ver las cosas en su debida perspectiva. …

A veces nos sucede que la mente se nos abruma de problemas y nos sentimos acosados por multitud de asuntos que exigen nuestra atención inmediata, a tal grado que sencillamente no podemos pensar ni ver con claridad. En el templo, nuestra confusión se esfuma, la niebla que nos ofusca la razón se disipa y podemos “ver” lo que antes no veíamos y hallar una manera de salir de nuestras dificultades que hasta entonces no habíamos conocido” (“El Santo Templo”, 35).

Los templos conectan a las familias

El enfoque del templo es la familia. Los participantes aprenden que cada hombre y mujer es un hijo de nuestro Padre Celestial, por lo tanto, como miembros de una familia divina, todos somos hermanos y hermanas.

Todas las ordenanzas del templo destacan la importancia de las relaciones familiares. Cuando un hombre y una mujer contraen matrimonio en un templo Santo de los Últimos Días, se unen no sólo por esta vida, sino para toda la eternidad. Se le asegura a la pareja que si viven dignamente, su relación entre sí y con sus hijos no termina con la muerte, sino que continuará en la eternidad.

El Presidente Gordon B. Hinckley dijo:

“¿Habrá algún hombre que verdaderamente ame a una mujer, o una mujer que verdaderamente ame a un hombre, que no desee con todo su corazón que su relación continúe más allá de la tumba? ¿Ha habido padres que al enterrar a un hijo no hayan anhelado recibir la seguridad de que éste volvería a pertenecerles en el más allá? ¿Puede alguien, que crea en la vida eterna, dudar de que Dios no concedería a Sus hijos e hijas el atributo más preciado de esta vida, que es el amor que halla su expresión más viva en las relaciones familiares? No. La razón exige que esas relaciones familiares continúen después de la muerte. El corazón humano las anhela y el Dios de los cielos ha revelado la manera de lograrlo. Las ordenanzas sagradas de la Casa del Señor proporcionan ese medio” (¿Por qué tener templos?”, Liahona, octubre de 2010, pág. 24).

Las bendiciones del templo trascienden la muerte

Para los Santos de los Últimos Días, las bendiciones del templo son de suprema importancia. Por lo tanto, sería injusto restringir estas bendiciones sólo para aquellos que actualmente son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Esta es una de las razones por las que la Iglesia mantiene un programa misional extenso, para compartir esta agradable noticia a “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apocalipsis 14:6).

Pero ¿qué sucedería con los miles de millones de personas que no tuvieron la oportunidad de escuchar el Evangelio restaurado mientras estaban vivos? ¿Se les debe negar estas bendiciones, simplemente porque nacieron en el momento equivocado? Un Dios justo y amoroso no dejaría que eso suceda y ha revelado una forma para que todo el mundo reciba estas bendiciones.

El Presidente Gordon B. Hinckley explica:

“Estas mismas ordenanzas están disponibles para los que han partido de esta vida, por medio de representantes vivos que las reciben en nombre de los que han muerto. En el mundo de los espíritus, esas personas que han muerto tienen la libertad de aceptar o rechazar las ordenanzas que se hayan efectuado por ellas en la tierra, entre las que se cuentan el bautismo, el matrimonio y el sellamiento de los parentescos familiares. En la obra del Señor no existe la compulsión, pero sí la oportunidad.

“Esta obra vicaria constituye una labor de amor sin precedentes por parte de los vivos para el beneficio de los que han muerto. Para llevar a cabo la labor de esta obra vicaria es necesario realizar una vasta investigación de historia familiar, a fin de buscar el nombre y los datos de los que vivieron antes que nosotros. Con objeto de ayudar en esta investigación, la Iglesia coordina un programa de historia familiar y se ocupa del mantenimiento de instalaciones de investigación de historia familiar que no tienen comparación en el mundo. Sus archivos genealógicos están abiertos al público, y muchas personas que no son miembros de la Iglesia los han utilizado para buscar datos de sus antepasados. Este programa ha recibido el elogio de genealogistas de todas partes del mundo, y varias naciones lo han empleado para salvaguardar sus propios registros. Pero su propósito principal es poner a disposición de los miembros de la Iglesia las fuentes de consulta necesarias para buscar el nombre y los datos de sus antepasados y hacerles llegar las bendiciones de las que ellos mismos gozan. De hecho, muchos piensan: ‘Si yo quiero tanto a mi cónyuge y a mis hijos que deseo tenerlos conmigo eternamente, quizás mis abuelos, bisabuelos y otros antepasados tengan el mismo anhelo. Entonces, ¿por qué no han de tener ellos la oportunidad de recibir estas mismas bendiciones eternas?’”. (“¿Por qué tener templos?” pág. 25–26).

Conclusión

Los templos enseñan sobre el plan de Dios para todos Sus hijos. Para los Santos de los Últimos Días, estos bellos edificios traen paz y la perspectiva del propósito de la vida. La asistencia regular al templo fortalece espiritualmente a los mormones y les ayuda a centrarse en su compromiso de seguir el ejemplo de Jesucristo.

El actual Presidente de la Iglesia Thomas S. Monson dijo:

“Las bendiciones supremas y de funda­mental importancia del ser miembros de la Iglesia son las bendiciones que recibimos en los templos de Dios. …

“…Cada [templo] se erige como un faro para el mundo, una ex­presión de nuestro testimonio de que Dios, nuestro Padre Eterno vive, que Él desea bendecirnos a nosotros y, en verdad, bendecir a Sus hijos e hijas de todas las generaciones. Cada uno de nuestros templos es una expresión de nuestro testimonio de que la vida más allá del sepulcro es tan real y cierta como nuestra vida aquí en la tierra” (“El Santo Templo: Un faro para el mundo”, Liahona, mayo de 2011, págs. 93, 94).

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